“Este es mi cuerpo, este es mi territorio”.

En el marco de la campaña #FEMINICIDIOSNUNCAMÁS

Por: Ana Villagómez

Cierro los ojos y extiendo mis raíces. Raíces ancestrales que se plantan, se asientan y acarician raíces hermanas, con diversas texturas y diversos andares. Las estiro… Sorprendida noto que no logro alcanzar una de las raíces hermanas que conocí lunas antes. Siento escalofríos de tierra húmeda y movediza.

A lo lejos veo huecos en la tierra, arañazos ensangrentados sobre ella acompañados de un olor maloliente. Vuelvo a sentir escalofríos. Podría quedarme quieta, bien agarrada a mis entrañas, pero no. Decido moverme y comenzar a acelerar mis ramas que se han convertido ya en pies en búsqueda de respuesta.

En mi caminar ofuscado, comienzo a escuchar las voces hermanas, las voces perdidas de mujeres que hablan de maltrato, de quebranto, de dolor, de opresión. Sus sentires llegan a mi cuerpo, un cuerpo con memoria, también atravesado por la violencia.

Parece que el suelo y el cielo lo han sentido también y comienza a desplegar sus nubes, mientras agua enfurecida,  truenos y luces relampagueantes me van mostrando los signos cardinales que dejaron aquellas mujeres ante su desaparición y desplazamiento. Las tierras fueron dibujando cicatrices en ese territorio que habían caminado, escalado y atravesado pecho tierra para poder huir de esas violencias, mismas que durante años han sido calladas y se ha convertido en un pacto de silencios.

Mi guía son las estrellas y las rutas del andar de estas mujeres. En mi caminar me doy cuenta de que la cartografía muestra ciertos territorios que se han ido conquistando siempre por aquellos representantes del patriarcado, por aquellos de alma ensombrecida  y poco a poco nuestra identidad se ha visto zarandeada porque han ocupado y colonizado el territorio en donde hemos crecido y vivido… pero eso no ha sido todo. Se ha despojado a las mujeres del más preciado territorio: sus cuerpos.

Cuerpos que significan, cuerpos que deben ser vistos como un todo, un territorio digno, seguro y soberano un territorio con derechos, un territorio que cada una defiende y que sólo nosotras podemos gobernar.

Tal y como ayer, hoy nos seguimos manifestando contra los deseos más secretos y oscuros del patriarcado, de feminicidas y hombres que ejercen otros tipos de violencia, de ver derrotadas a las mujeres. Aquí estamos, fortaleciendo nuestras raíces, alzando la voz, exigiendo justicia y verdad. Y créanme, no nos vamos a mover.

Somos mujeres que ya no queremos sentir estas rudezas en el camino; que ya no queremos más rutas ingratas ni violentas. Somos mujeres rebeldes que luchamos en memoria de las que ya no están y que deberían estar, pero también por las que estamos y las que van a estar.

 Somos mujeres defensoras de nuestro territorio, que queremos asentarnos, queremos andar libres, fuertes, pero sobre todo, queremos un cuerpo con vida, tratado con dignidad y libre de todo tipo de violencia.

“Sentir sin miedo a vivir y vivir sin miedo a morir” Beaujean Project

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